EL BUDA SAKYAMUNI
EL BUDA SAKYAMUNI
Hace mucho tiempo, un clan llamado Sakya formó un país pequeño en los altiplanos del norte de la India. Desde allí, en la distancia, se podía ver la cordillera de los Himalayas. Este clan era conocido por su dignidad y valor. El Castillo de Kapila era el centro de sus actividades.
Su líder era el Rey Suddhodana. Como se acostumbraba en ese tiempo, su esposa, la Reina Maya, se dirigía a la casa de sus padres, para que allí naciera su hijo.
Era el octavo día del cuarto mes, a mediados del quinto o sexto siglo antes de la Era Común. La primavera llegó tarde ese año y las colinas y los campos rebosaban de flores, lo que creaba un espectáculo lleno de colorido. Tal fue el encanto que experimentó allí, en el Jardín de Lumbini, la comitiva de la Reina Maya durante ese viaje a casa, que decidió detenerse y descansar un poco en ese sitio. Durante ese reposo, la reina se levantó para examinar más de cerca una rama de un hermoso árbol de Asoka, cuando de repente dio a luz a un príncipe bello, que recibió el nombre de Siddhartha.
De acuerdo con las Sufras que describen este suceso, Siddhartha dio siete pasos tan pronto como había nacido. Apuntando al cielo y a la tierra, proclamó con voz potente, «Sólo yo soy Aquél-al-que-honra- el-mundo. Lo único que existe en los Tres Mundos es el sufrimiento, pero yo traeré el alivio.
Se dice que los Cielos se conmovieron tanto ante esas palabras que, como respuesta, enviaron una lluvia de te dulce. Los primeros seis pasos que se dice tomó el infante recién nacido simbolizan los Seis Cursos Inferiores’. El tomar siete pasos simboliza haber entrado al mundo del Despertar. Por supuesto, aquí se trata de una leyenda que se fue desarrollando durante los años que siguieron al nacimiento real.
En la actualidad, el día de su nacimiento, el ocho de abril, se celebra como Hanamatsuri (lit. «Festival de las Flores») o como el Día de Buda.
Aun de niño, el Príncipe Siddhartha mostró un gran habilidad en los estudios y en la práctica de las artes marciales. Su padre, el Rey Suddhodana y la gente de su país tenían grandes esperanzas en él.
Un día, el Príncipe Siddhartha vio cómo un pájaro pequeño tiraba de un gusano y lo sacaba de la tierra. Poco después vio cómo ese mismo pájaro era apresado y devorado por un halcón. Se dice que el haber observado esos sucesos dejó una impresión profunda en el joven príncipe, ya que captó que los seres vivos sólo pueden existir matando y comiendo a otros vivientes. A partir de entonces, comenzó a meditar profundamente sobre el significado de la vida.
A fin de distraer a su hijo de esas reflexiones, el Rey Suddhodana le proporcionó un castillo lujoso. Al llegar a una edad apropiada para ello, el Príncipe Siddhartha contrajo nupcias con la bella Yasodhara. Sin embargo, a pesar de que los aspectos externos de su vida estaban llenos de animación y dinamismo, continuó con su contemplación callada sobre el sufrimiento de la vida.
Llegó inevitablemente el día en que el Príncipe Siddhartha decidió observar el mundo fuera del solar apartado del palacio. Saliendo por la Puerta Este del Castillo de Kapila se sorprendió al ver a un anciano demacrado.
«¿Llegaré yo también a ser viejo como ese hombre algún día?», se preguntó.
Después, salió por la Puerta del Sur y vio a un hombre devastado por la enfermedad y cuando, posteriormente, salió por la Puerta del Oeste alcanzó a distinguir una procesión fúnebre. Todo esto le hizo caer en la cuenta de que la vida no era sino un ciclo sin fin de nacimiento, muerte y sufrimiento.
Finalmente, saliendo por la Puerta del Norte, atisbó a un monje que había abandonado las costumbres mundanas. Le impresionó la actitud noble y digna de ese hombre. Se dice que el Príncipe Siddhartha decidió en ese día hacerse monje.
Nació un hijo a Siddhartha y Yasodhara. El Príncipe se regocijó con ese nacimiento, pero no podía dejar de pensar que ese niño era un obstáculo más en su búsqueda espiritual. Como resultado de ello, el bebé recibió el nombre de Rahula, que significa precisamente «obstáculo»
El deseo de buscar y encontrar el Camino fue creciendo dentro de Siddhartha. Cuando llegó a los veintinueve años de edad, renunció a la vida de príncipe, abandonó a la familia a la que tanto amaba y se dedicó a buscar el Despertar, para lo cual se unió a quienes llevaban a cabo prácticas ascéticas. Su familia extensa se hizo cargo de su esposa e hijo, una práctica común entre las familias guerreras.
Siddhartha se dirigió al sur, a un bosque cercano a la ciudad capital de Rajagrha en el país de Magadha. Este es el único lugar en las vastas planicies de la India en que hay una cordillera. Rajagrha estaba situada muy cerca de un cráter antiguo y en ese sitio se percibía el ajetreo y bullicio del desarrollo que se estaba experimentando allí.
Los más grandes pensadores de entonces se sentían atraídos por un lugar tan animado. Siddhartha rondaba entre esa gente planteándoles sus preguntas en un intento por encontrar lo que con tanto ahínco buscaba. Pronto cayó en la cuenta de que las respuestas que recibía eran insatisfactorias.
Decidió entonces buscar la verdad por sí mismo y se unió a un grupo de cinco ascetas que vivían en un bosque junto a la aldea de Uruvilva. El mismo era tan estricto en la observancia de sus prácticas que llegó a limitar la porción de alimento que consumía diariamente a un grano de arroz. Algunas veces se abstenía totalmente de todo consumo. De hecho, seguía el camino ascético con tanta asiduidad que a menudo perdía el sentido y caía desmayado. Se dice que incluso una vez notificaron a su padre, el Rey Suddhodana, que su hijo había muerto.
Después de seis años de este estilo de vida severo, tanto el cuerpo como la mente de Siddhartha se habían debilitado hasta tal punto, que tuvo que aceptar que nunca lograría el Despertar por ese camino. Finalmente bajó de la montaña, se bañó en el Río Nairanjana y, agradecido, aceptó un potaje de leche que le ofreció Sujata, la hija de uno de los ancianos de la aldea.
Después de recobrar su salud y valor para continuar su búsqueda, Siddhartha se sentó bajo un árbol bodhi (pippala) a las afueras de un pueblo llamado Gaya. Hizo un voto de que no se levantaría de allí, hasta haber alcanzado el Despertar y entró en un estado meditativo.
Los cinco ascetas, con los que Siddhartha había estado practicando sus austeridades fueron testigos de todo esto. Declararon que se había convertido en monje degenerado y lo abandonaron.
A medida que Siddhartha se acercaba al logro de la budeidad, se le apareció el Rey Mara y lo amenazó con una espada ardiente. Como esto no surtió efecto sobre Siddhartha para que se desistiera de sus propósitos, el Rey Mara se transformó en una mujer voluptuosa que intentó seducirlo para evitar que siguiera buscando el Camino. Siddhartha se sobrepuso exitosamente, tanto a la amenaza externa como a la seducción interna de sus pasiones mundanas. Así pues, al centellear las estrellas de la mañana temprana, en el octavo día del duodécimo mes, Siddhartha se liberó de la inconsciencia y falta de percepción que son la causa del sufrimiento por la vejez, enfermedad y muerte. Llegó a ser El Despertado al Camino de la Verdad Absoluta.
Siddhartha tenía entonces treinta y cinco años de edad. A partir de ese momento se le denominaba como el Buda Sakyamuni (Sakyamuni significa «sabio del Clan de los Sakyas,» y Buda es un título que significa «El que ha Despertado».) Se citan las siguientes palabras que profirió el Buda Sakyamuni en sus últimos años: «No somos nobles por la familia en que nacimos. Más bien, nos hacemos nobles como resultado de nuestras acciones.» Hoy honramos al Buda Sakyamuni por su Despertar y por las acciones profundamente compasivas y sabias que fluyeron de él.
Después de haber alcanzado la budeidad, el Buda Sakyamuni permaneció durante algún tiempo bajo el árbol Bodhi, reflexionando sobre su Despertar. Sin embargo, finalmente se convenció de que debía compartir con otros el gozo de ese Despertar y se levantó de su asiento.
Las primeras personas con las que quería compartir su comprensión fueron sus cinco compañeros ascetas. Por ese entonces, estaban llevando a cabo sus prácticas en Mrgadava, en las inmediaciones de Varanasi, a unas 125 millas de Gaya. Viendo que se acercaba, uno de ellos dijo, «No escucharemos a una persona que ha abandonado el camino.»
Cuando el Buda Sakyamuni llegó hasta donde estaban ellos, se asombraron del cambio que se había operado en él. Ahora rebosaba fuerza y confianza. Los cinco ascetas no pudieron sino escuchar lo que tenía que decir. Al darse cuenta de que había logrado el Despertar que ellos buscaban, se convirtieron en sus discípulos.
Este discurso histórico de Buda Sakyamuni fue la prima explicación del dharma en el mundo y se nos refiere como «Poner en movimiento la Rueda del Dharma.» Con esta explicación sobre el dharma, se establecieron completos los «Tres Tesoros», a saber, del «Buda», el «Dharma» y el «Sangha». Sangha es el término que designa a los discípulos que se reunieron alrededor del Buda Sakyamuni.
Es un hecho notable que el Buda Sakyamuni ómitiera completamente mencionar el sistema de castas que prevalecía por ese tiempo en la India y, en vez de ello, considerara que todos tenían el mismo nivel social. Empezó a viajar por el país dando a conocer el dharma, tomando en cuenta las personalidades de la gente con los que entraba en contacto, a fin de que su enseñanza fuera más efectiva. Algunas veces se quedaba en Raj agrha, en el país de Magadha o en Jetavana, en el país de Sravasti y, en otras ocasiones, se hospedaba en las casas de la gente pobre pero devota. Difundió el dharma de esta manera, hasta que el número de quienes lo consideraban su Maestro traspasó todos los estratos sociales y las fronteras de todos los Reinos. Así se desarrolló un séquito.
Los grandes pensadores y artistas a menudo son rechazados por la gente de su generación. El Buda Sakyamuni constituye una excepción notable a esta regla. Aun cuando algunos al principio lo consideraron un enemigo, cuando realmente se encontraban con él y lo llegaban a tratar, se daban cuenta de que su naturaleza benévola y compasiva era tan irresistible, que pronto se convertían en sus discípulos.
Se decía que el Buda Sakyamuni había nacido con un temperamento afectuoso y digno. En las pinturas y estatuas que crearon de él, los artistas de las generaciones que le siguieron representaron su gozo profundo de alcanzar el Despertar con una aureola, un resplandor que rodeaba su cabeza o con las treinta y dos marcas del Despertamiento.
La mayor crisis que tuvo el Buda Sakyamuni al difundir el dharma involucró a su primo Devadatta, ya que éste anhelaba dirigir a los seguidores que consideraban al Buda Sakyamuni como su líder. Con sus maquinaciones convenció a un cierto Príncipe Ajatsatru a que se apoderara de los reinos del poder matando a su padre, el Rey Bimbisara, quien gobernaba el país de Magadha y encarcelando a su madre, la Reina Vaidehi. Entonces, con la ayuda del príncipe, Devadatta intentó reemplazar al Buda Sakyamuni como el líder espiritual del país.
Las intrigas de Devadatta fracasaron, pero el incidente ocasionó que el Buda Sakyamuni diera una explicación del dharma, que conservamos como la Sutra de la Contemplación del Buda de la Vida Inconmensurable, o sea, la Sutra de la Contemplación, que es una de las Tres Sutras de la Tierra Pura que fundamentan la enseñanza del Jodo Shinshu.
Aun a la edad avanzada de ochenta años, el Buda Sakyamuni continuó infatigable en la difusión del dharma. Su último viaje fue de Rajagrha a Sravasti. Terminó antes de que llegara a su destino, en un lugar llamado Vaisali. En este punto, incluso el gran líder espiritual no pudo escapar de la verdad de la impermanencia de la vida, ya que una enfermedad fatal se apoderó de él.
Recostado entre dos árboles sala gemelos, dio su último sermón sobre el dharma, y terminó con esta exhortación, «Después de que deje este mundo, hagan que el dharma sea su refugio. Hagan para ustedes una luz… todas las cosas en este mundo son impermanentes. Sigan el dharma con diligencia.»
Esas fueron sus últimas palabras.
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