CAPÍTULO IX

CAPÍTULO IX

—Yo recito el Nembutsu, pero apenas siento el deseo de saltar ni danzar de alegría, y no siento el deseo de alcanzar la Tierra Pura lo más rápido posible. Quisiera saber a qué se debe esto.

Habiéndole formulado esta pregunta, el Maestro respondió:

—Yo, Shinran, también tenía esta duda. Veo ahora que tú también, Yui-en, experimentas el mismo estado de espíritu.

Meditando sobre este asunto, he llegado a la conclusión de que el hecho de no alegrarme cuando debería sentir el deseo de danzar en el cielo y en la tierra de tanta alegría, es indicio de que el Nacimiento está ya totalmente garantizado, Son las pasiones ciegas que impiden que el corazón se sienta alegre cuando él tendría que mostrarse con alegría.

Pero desde un principio, Buda Amida está percatado de todo esto, y nos considera como seres ignorantes cuya esencia está constituida de pasiones ciegas.

Una vez que nos cercioramos de que el Voto Compasivo del Poder Externo está dirigido hacia nosotros que somos consistentes de tal naturaleza, podemos en definitiva con siderarlo infalible y confiable.

Es también por causa de las pasiones ciegas, que nuestro corazón no siente el deseo de apresurarse con rumbo a la Tierra Pura y que, cuando alguna dolencia nos aflige, nos volvemos inquietos temiendo la muerte.

Es por causa de la efervescencia de las pasiones ciegas, que no queremos de manera alguna abandonar esta tierra de sufrimientos donde vagamos desde un pasado inmemorial y que no sentimos ninguna ansia por la Tierra Pura de la Suprema Tranquilidad.

Aunque tuviésemos la pesadumbre por el desapego a esta tierra, cuando los lazos de condicionamiento que nos ligan a ella se hayan destruido e irremediablemente haya llegado a su fin nuestra vida, ahí sí que deberíamos dirigirnos a Aquella Tierra Pura.

Buda se compadece especialmente de nosotros porque no sentimos el deseo de ir apresuradamente hacia allá.

Meditando todo esto, debemos considerar el Gran Voto de la Gran Compasión como digno de absoluta confianza y el Nacimiento como definitivamente garantizado.

Por el contrario, si sintiésemos el deseo de saltar y danzar de alegría e ir rápidamente a la Tierra Pura, ahí entonces deberíamos dudar de la ausencia de las pasiones ciegas en nuestro corazón.

Así dijo el Maestro.

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